¿Cuál es tu salario emocional?

El post de hoy es una reflexión que nos ha hecho llegar alguien de nuestro equipo y que nos ha parecido verdaderamente acertada. Aquí os lo dejamos.

He leído recientemente un post sobre el salario emocional que me ha parecido verdaderamente cierto. En él, se denomina salario emocional a aquellas cosas que te aportan los compañeros de trabajo (amigos, más bien) que consiguen, que un día malo no sea tan malo, y que incluso desees acudir a la oficina por el mero hecho de estar en su compañía.

Pues bien, resulta que algo de eso he vivido recientemente, y creo que me va a costar encontrar un salario emocional equiparable al actual. En cuestiones de trabajo, siempre se habla de aquello de la “pro actividad”, de la motivación, de sentirse parte de la empresa, etc.

Se publicó hace escasas semanas en El País que los jóvenes no nos identificamos con la empresa y que no tenemos lealtad alguna a la misma. Quizá se trate en parte, por las condiciones de estabilidad y sueldo, y quizá por el salario emocional. Quizá no nos planteemos el salario emocional como tal porque no conseguimos llegar a fin de mes (en esto estoy de acuerdo con un tal Maslow). Pero, si las cosas se ponen feas, es evidente que, como bien dice Fernando Tellado, mejor ser de los de debajo de la pirámide con salario emocional. Y es que, cuando las cosas están feas todos sabemos que no es tiempo de ascensos. Seguirás en tu escalón, y gracias. ¿Cuánto cuesta no vivir incómodo en “tu escalón” en época de crisis?

Somos cambiantes. Como la economía el ser humano cambia porque las circunstancias le obligan, pero aún así, muchos de nosotros somos reacios a aceptar ese cambio y lo intentamos frenar: no queremos ser mayores, ni queremos cambiar de trabajo, ni de lugar de residencia… Nos cuesta adaptarnos. La empresa es una realidad económica en continuo movimiento, por lo que quizá el tener un buen equipo emocional, sea más importante que un buen equipo profesional, en lo que a tu felicidad se refiere.

Así, dos profesionales no tienen por qué entender tu mal humor, o que necesites un café y hablar de “cosas bonitas”. No tiene por qué entender esas bromas (“puyas” que diría otra) “mañaneras” (que alegran el alma), ni tendría por qué enseñarte cómo escribir tal artículo, configurarte el Outlook, o cómo mirar el administrador de la web (el maravilloso mundo Excel, ni mentarlo). No tendría, o lo que es más claro, NO LE SALE. Quizá lo haga, pero porque HAY QUE HACERLO, no porque sienta que es lo que debe hacer. ¿Cuánto vale tener un grupo de amigos en el trabajo? El salario emocional radica en tener un buen grupo, que te hace ser mejor persona, que te enseña cosas diariamente, y que además de todo eso, te permite vivir relajado en tu entorno, al menos un tercio de tu vida cotidiana (horas extras al poder). ¿Cuánto cuesta no tener desconfianza continua hacia las personas que te rodean? Odiamos las traiciones, los cambios, los intereses ocultos…y valoramos la lealtad y paciencia del resto. Somos humanos.

Para terminar me gustaría hacer una breve reflexión sobre algo que últimamente me ronda la cabeza. Somos jóvenes, novatos, transparentes, nobles, “pipiolos de la oficina”… y lo que siempre nos suelen recordar es que la vida real es otra cosa: “ten cuidado”, “desconfía”. Pues bien, es hora de pensar en un equilibrio entre la lealtad a uno mismo y la transparencia debida. ¿Cuánto cuesta la lealtad a ti mismo?

La pregunta ahora es ¿Cuál es tu salario emocional?

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